Vinos blancos: La fermentación del mosto se hace sin las partes sólidas del racimo y no hay por tanto maceración de los hollejos. Tras el estrujado, el prensado y el desfangado o eliminación de partes sólidas en suspensión, el mosto se trasiega para su fermentación y pasa de ahí a los depósitos de almacenamiento desde donde tras unos meses, y una vez bien filtrado, se embotellará limpio y brillante.

Vinos rosados: Provienen de uvas tintas y fermentan también sin los orujos. Su proceso de elaboración es similar al de los blancos, excepto en una ligera maceración del hollejo, antes de pasar al depósito de fermentación que otorga a este vino su color característico.

Vinos tintos: Son el producto más característico de Rioja Alavesa. Para producirlo perviven en su cámara dos métodos, el método clásico que elabora la vendimia estrujada y despalillada, y el método tradicional con la vendimia entera. La diferencia está en la utilización del "lago" de fermentación, que se aplica en el método tradicional, en donde se vierten los racimos enteros para una maceración capaz de extraer mejor los aromas y color del vino. Desde ahí la intervención de las barricas les identificarán como Crianza o tinto de año.

  • Tinto de año: Llamado también "vino de cosechero", "vino joven" o "de uva entera". Su característica fundamental en lo que a elaboración se refiere es la "maceración carbónica", y en cata resultan vinos suaves y aromáticos.
  • Tinto con Crianza: Bajo este nombre común se incluyen Crianza, Reserva y Gran Reserva. La diferencia está en el tiempo de envejecimiento.
  • Crianza: Debe tener al menos 2 años y haber permanecido uno en barrica.
  • Reserva: Ha de acumular 3 años como mínimo entre barrica y botella y uno de ellos en barrica de Roble.
  • Gran Reserva: Pasará al menos 2 años en barrica de roble y completará su identidad con otros años en botella.

Barricas de vino de Lanciego